sábado, octubre 29, 2005

Recuerdos hay muchos, pero no muchos son los que hacen su propia novela.


(Música de Silvio Rodríguez al fondo. El lobo eficientando los espacios de los textos en word; de aquellas novelas que adquiere a través del internet , para una impresión más económica.)

--No, profe, no sea gacho. Mire, ahorita estoy pasando por esas étapas de "bache literario", simplemente las palabras no se funden en la unidad del texto.
--Já, eso ya no es un étapa, para ti ya es un estilo de vida académica. Necesito pasar las calificaciones. Ya haz el trabajo.
-- Ay profe, pues a lo que yo sabía las calificaciones se pueden pasar hasta la otra semana.
-- A mí me las están pidiendo antes. ¿Cuánto tiempo necesitas?
-- ¿Cómo?
-- Pues sí, ¿para cuándo lo tienes?
-- A mitad de semana, bien bonito.
-- Está bien, ya vete que estás molestando a los demás maestros. Ya dejame trabajar.

Dicen que al escribir una novela, la historia cobra vida. El escritor no es más que un empleado de los personajes, de los lugares, de las situaciones; es una máquina que simplemente plasma letras en papel. Pareciere que la vida está allá y no acá; donde sólo somos el holograma de un pasado repetido. Allá tal vez un día seamos el susurro del viento, al siguiente la cama de los enamorados, después el llanto de un perro o el desvelo del villano, y si somos afortunados y la obra se asoma a observar un fragmento de nuestra monotonía, hasta el mismo protagonista representamos. Indudablemente la novela es cruel, a unos nos excluye del desarrollo de su propia vida y otros son casi inherentes a ellas. El lobo, es uno de estos últimos; personaje metaliterario que abre camino al gusto por la literatura, que exhorta a la participación en la misma.

-- ¿Qué si todos nos quedáramos en la secu?
-- ¿Cómo?

He dejado atrás mi hogar, ahora camino sobre piedras amorfas. El recuerdo, es mi amuleto, mi pluma que me acompaña durante este trayecto. Cierro los ojos y aún puedo verme dentro de aquellos espejos, que dejaban mi reflejo al descubierto, para que yo lo pudiera observar.

Quien no puede olvidar:

Los debates de Gusy y Toño
Los aplausos de rojito
Las estupideces de David
La risa de Crystal, city texas
La carita buena niña “hellow” de Blanquita
Los cantos invasóricos de mi prima
Las especies y sazones del día a día con Lady D (D vs Coco)
Los que “te valga”, “cero que te influya”, “te lo devuelvo en millones” de Rony
“Iváaaaaaaaaaaaaan!”
La cien por ciento actitud “hablo euro” de Lita
Las coqueterías y enojos de Fátima
Los “estas mal” de Toño
Los sonorosos ruidos de Denisse
Los caminados, saltos y sentados de Juan
Las risas vs palabras de Cynthia
Los “ebri@” de Dany
Los corajes de Gusy: “por que la virgen no es virgen”
El silencio de Nestor
La sonrisa de nuestra Ale consentida del teacher
El “toothpaste” de David
Las oportunas aportaciones de Pepe
El Jaime loves Cinthya :D
Las incoherencias de Ponce
The Tongue, tongue :p
El speed talk de Chio
El “ejejé” del Zurita
Ah… y los infinitos “en Laredo matan de gratis, o sino preguntenle a Gustavo”
El hit reggeatónico “limpiate la cola”
Y claro
Nuestra mascota, el wikiriwakarAwow


Aún no puedo creer que todo aquello haya desvanecido, que ahora me insista en caminar con cuidado, y a esperar desconocer el terreno, el espacio y el ambiente.

“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.


-- Pedro Páramo no ha sido llevada al cine exitosamente. Es difícil proyectar una obra de esta calidad, los personajes no son descritos en el texto, es decir; el elemento fantástico esencial de Pedro Páramo es su propia palabra, la que crea un mundo de personajes que viven indeterminadamente en cada uno de los lectores.
-- Pues yo no sé, pero cuando leo las líneas de Pedro Páramo, usted está ahí.



*Muchas felicidades maestro, por la puesta en escena de Pedro Páramo. Estar allá, era como percibir el personaje haciendo personaje de Pedro.


viernes, octubre 21, 2005

Más de lo mismo


¡Qué semanas tan más ajetreadas!

¡La feria del Libro festeja a Juan Rulfo y al Quijote!

Si hasta parece que la entrada de cada uno de los escritos que realizo, está ya predestinada a ser una queja hacia el poco tiempo –potencialmente el más efectivo para el desarrollo “intelectual” de su servidora—que nuestra gran y reconocida institución: el Tecnológico de Monterrey, nos arrebata con cada uno de las tareas-requisitos; ya sea de comprobación de lectura –que por cierto lo único que deja entre ver es la pésima interpretación de aquella por parte del estudiante— o los trabajos de investigación sin pauta previa de elaboración y sí un peso grande en calificación. En fin, irregularidades académicas de nuestra (¿o de ellos?) tan prestigiada institución, habrá indudablemente para la vida. Y digo para la vida, porque he firmado contrato con el innombrable... (ahí en el dpto. de becas) que amablemente provocó mi visita a aquella oficina por repetidas ocasiones innecesariamente, a causa de una logística mal lograda. Yo sé, ya para entonces mi presencia era necesaria para el Tec; así comenzaría a crearme ilusiones acerca de la gran diversidad de actividades extracurriculares que el Tec provee y en los que yo podía ser parte. Al instante de ser formalmente universitaria, estuve en primera fila para la inscripción de aquellas actividades, y así de la misma manera ya estoy en las filas de estudiantes que a final de semestre que por la no asistencia, pagaremos una cuota. Logísticas una vez más, sin duda alguna son grandes estrategas los compadres.


Total, como estaba contando, firmé aquel contrato que por lo pronto me obligaba a realizar mi servicio becario semestral trabajando como apoyo en la organización de la Feria del Libro. Al principio, al enterarme de mi posible participación en la sala de prensa, me sentí emocionada; ya me veía tomando notas, portando grabadora y hasta usando mi cámara fotográfica. ¡Digo!, probablemente con tantas personalidades en un mismo sitio fuera necesario un mayor personal en los medios, já; pero si no me acordaba que el mundo de los periodistas podía ser bien comparado con un par de hienas en lucha del último pedazo de tripa del tigre. No obstante, y con este divague innecesario, mis actividades versaban en un trabajo arduo; mi esfuerzo era a la vez físico e intelectual, les explicaré el protocolo diario de mis actividades: recortar de notas periodísticas, pegar aquellas en pared, emplear mis habilidades de conteo para después acomodar la cantidad necesaria de botellas de agua, coca-cola, coca-cola light y sprite en un pequeño refrigerador, además de situar al menos doce empanaditas y trozitos de brownie en una bonita charola plateada y para finalizar, con los deseos de los organizadores por mejorar mis habilidades en el manejo de Excel, vaciar algunas de las encuestas aplicadas a los visitantes de la FIL acerca del mismo evento, trabajo que aproximadamente me consumía dos horas.

Aunque la semana fue cansada y tediosa, pude cruzar palabra con algunos periodistas, además de presenciar algunas de sus actividades de trabajo. Así mismo, se me facilitó la asistencia a algunas conferencias y presentaciones de libros, como la de “La Nostalgia del Lodo” de Óscar David López – escritor joven y ganador del Premio Latinoamericano en Literatura, chavo sencillo y muy buena onda—y “Estado y el ciudadano” de Lorenzo Meyer. En cuanto las conferencias, asistí a la de
“Diseño y periodismo” a cargo de la Lic. Cecilia Torres y Arq. Juan Manuel Gómez y “Los páramos de Rulfo cincuenta años después” con Daniel Sada, Alberto Vital y Jorge Zepeda. Puedo decir, que así como las presentaciones, las conferencias estuvieron muy interesantes, por lo que trataré de relatar mi experiencia en este mismo medio.

Finalmente, aquel trabajo arduo trajo consigo tareas aplazadas, desvelos y varios dolores de estómago y cabeza, los que persistieron hasta hace un par de días. Si ahora sólo tuve tiempo de escuchar disimuladamente una que otra de las historias de las chicas Tec, cuando escuchar al menos cuatro novedades en un mismo día podía llamarse “trabajo periodístico fallido”. Y es que, la comunidad Tec es un grupo digno de ser analizado, en sí yo no estudio mis cursos, mis actividades en el Tec son de campo. Para prueba un botón:

--¡Wee, mamalón!, el miércoles de que tipo fuimos a la Habana, y de que Dany y
yo traíamos nuestra party acá bien cabrón, andábamos de que tipo en nuestro
pedo.
-- Pero, ¿cómo o qué, wee? Haber, ¿a dónde fueron?
-- A la Habana, y de que tipo fue un amigo y pues andaba con más chavos, y pues
ya tipo me presentó a mi y a mis amigas y pues yo, mis amigas a ellos. Nombre
wee, me tomé como seis litros, andaba super drunk. Pero wee no mames, de que
mi amigo me preguntó de que tipo se hacía algo conmigo.
-- ¡Ingaleeeeee!
-- Ya sé wee, de que le digo: “¡vete a la chingada, muevete de aquí!”
-- ¡Ingaleeeeee!

¿Ustedes se tragan ese “vete a la chingada” después de seis litros?, já.

Bueno pues, esperemos que estas últimas semanas de cursos sean comprensivas y que las tareas-requisitos no nos quiten más tiempo del que usualmente hacen. Confiemos en tener más posibilidades de desahogar emociones a través de estas tristes palabras.

domingo, octubre 02, 2005

Tierra Mojada

---Huele a tierra mojada, y el pinche hueco no lo han llenado por completo. ¡Ay Damasio!, ahora sí que nos va a tocar la refriega de tapar aquello, lo que debería taparse solo. Que dizque el Fulgor y sus quehaceres, le impidieron venir a cumplir con la labor humana. Aunque de humana no tiene nada, el hueco es hueco y se acabo. Ya me la esperaba, así son estos chinga quedito, que creen que nosotros si tenemos tiempo para llenar esas chingaderas.
---Calmada, Chona, si son unas simples paleaditas de tierra. No se me sulfure.
---¿Y el apeste, Damasio?... No crea, no nomás soy yo, si la misma gente de aquel, no soporta el apeste. Que dicen, que ya lo que quedo bajo tierra; bajo tierra está y se chingó. Crueles los desgraciados, pero ¿qué le hacemos? Todos tenemos nuestros patrones que obedecer y éstos sus sirvientes a quién chingar. Ya no hay tiempo Damasio, o ¿qué?, ¿usted se carga la responsabilidad?
--- Parele, parele ahí. Yo también tengo que buscarle muchacha al patrón, y aprovechar los momentos de negociación. ¿Usted cree que la muchacha aguante el apeste?, ¡ni pensarlo! Además Don Pedro se daría cuenta. Definitivamente, que la lluvia se encargue del hueco.
--- ¡Ah, que cabrón me saliste Damasio!, nomás no me vayas a salir con esa chingadera cuando el apeste huela a Chona Sayula…

Desperté. No hay recuerdo y sí olvido. Permanecí quieta, mis ojos vendados, descubiertos a la oscuridad. Prometí no gritar, pero no pude hacerlo. Mis manos palpaban, aquel lugar suave, y con miles de trocitos que caían sobre mi cara, sobre mi cuerpo. Eran como gotas espesas, contenidas en una especie de masa, rasposa, húmeda. Sonidos a lo lejos, allá en lo alto, parecía unas llantas rodando, unos pies avanzando… ¿hacía dónde?, no los veía. Dolores decía, que ella me había traído aquí, que por desgracia, tuvo que hacer espacio a lado de ella; para que le hiciera compañía. Sin embargo, yo agradecía aquel detalle, aquellas palabras... Palabras que no se situaban en algún referente, sólo en la nostalgia y el olvido. Tal véz, era por eso que yo siguiera ahí... Ahí, en el mismo lugar que habito día con día. Logré estirar un poco los pies, afortunadamente el piso que tocaba, podía moldearlo. Después, noté que también podía mover brazos, cara, torso y cadera, con una lentitud y rareza, que parecería retorcerme en los recuerdos del pasado. Pero no, estaba ahí, en el presente, con Doloritos a mi lado. Me decía, que pronto me acostumbraría, que sólo era cuestión de tiempo para adaptarse a la nueva tranquilidad de aquella oscuridad, de aquella afasia tan deseada. Comencé por sosegar, por no gritar más en silencio y sí a pronunciar miles de letras para Doloritos, que a un principio, carecían de sentido pero al no parar de hacer sonido, comenzaron por contar al recuerdo. Recuerdo que aún yo no sé, si es recuerdo, pero así me dijo que era la srta. Doloritos. Las palabras, decía Doloritos, que pronunciaba yo, escaseaban ya de una significación acá abajo. “De acá abajo… de acá abajo”… retumbaba tanto en mi cabeza, que empecé a creer que era importante dejar grabadas estás palabras, en el recuerdo y mantenerlas hasta el día de hoy. Ahora, todo asumía un sentido… ahora, nada trascendente, más que mi Doloritos, la que ya no quería que yo estuviera ahí a lado. Pero, ¿quién le manda meterme aquí?, ahora ya no me muevo…ni que pudiera hacerlo. Sentir aquellos granos en el cuerpo, aquel sonido de los automóviles y caminares, que me aplastan sin saber que aquí hay hueco, observar la oscuridad y percibir al fin la tranquilidad. ¡Pobre Doloritos! Con esa voz tan pesada de años que se carga, imagino hace poco llegó aquí.
Pretendo no leer y no reflejarme en tus escritos, eso me costaría uno que otro sentimiento deseoso por ser explotado, por ser descrito, por ser minuciosamente analizado hasta odiarse a sí mismo. Procuraría escucharte, si de lo que hablases fuera sonido muerto, que pronunciases palabras huecas, que su resonancia aprehendiera la coherencia de un texto perdido en la biblioteca total, aquella en la que existo en comodidad. Intento percibirte, cuando un rio de caras sin ojos, oídos y sí mil bocas te sumergen a un sinfín de metros bajo al alcance de mi corto brazo que sostiene la misma pluma de hace tres años. No voy a hablarte, no pronunciaré palabra de lo que mi lectura no captura, de los muertos que mis oídos dan asilo, ni mucho menos hablaré cuando te ahogas en ese mar de cuerpos sin caras, de caras sin sentidos.

Existo así, cuando son tus textos los que me remiten al ser el que hace ya tiempo deje de habitar, aquellos sentimientos que comenzaban a alimentarse de las ilusiones, ideales, y personas a las que ahora el tiempo les ha cortado su cabeza con las manecillas del reloj. Existo así, cuando todo lo que escucho son aquellas palabras vivas que se originan en tí, pero crecen, juegan, crean y destrozan lo que hay aquí adentro; pedazos de papel, letras del abecedario sin ninguna sintaxis, sin algún significado, sin alguna interpretación.
Existo así, cuando es tu cuerpo fácil de encontrar no sólo en un rio, sino en un océano donde los cuerpos de hombres y mujeres sin cara fluyen como escondite a ti, pero siempre eres tú el que mi pluma alcanza por apuntar y escribir para gritar y llamarte.