Tierra Mojada
---Huele a tierra mojada, y el pinche hueco no lo han llenado por completo. ¡Ay Damasio!, ahora sí que nos va a tocar la refriega de tapar aquello, lo que debería taparse solo. Que dizque el Fulgor y sus quehaceres, le impidieron venir a cumplir con la labor humana. Aunque de humana no tiene nada, el hueco es hueco y se acabo. Ya me la esperaba, así son estos chinga quedito, que creen que nosotros si tenemos tiempo para llenar esas chingaderas.
---Calmada, Chona, si son unas simples paleaditas de tierra. No se me sulfure.
---¿Y el apeste, Damasio?... No crea, no nomás soy yo, si la misma gente de aquel, no soporta el apeste. Que dicen, que ya lo que quedo bajo tierra; bajo tierra está y se chingó. Crueles los desgraciados, pero ¿qué le hacemos? Todos tenemos nuestros patrones que obedecer y éstos sus sirvientes a quién chingar. Ya no hay tiempo Damasio, o ¿qué?, ¿usted se carga la responsabilidad?
--- Parele, parele ahí. Yo también tengo que buscarle muchacha al patrón, y aprovechar los momentos de negociación. ¿Usted cree que la muchacha aguante el apeste?, ¡ni pensarlo! Además Don Pedro se daría cuenta. Definitivamente, que la lluvia se encargue del hueco.
--- ¡Ah, que cabrón me saliste Damasio!, nomás no me vayas a salir con esa chingadera cuando el apeste huela a Chona Sayula…
Desperté. No hay recuerdo y sí olvido. Permanecí quieta, mis ojos vendados, descubiertos a la oscuridad. Prometí no gritar, pero no pude hacerlo. Mis manos palpaban, aquel lugar suave, y con miles de trocitos que caían sobre mi cara, sobre mi cuerpo. Eran como gotas espesas, contenidas en una especie de masa, rasposa, húmeda. Sonidos a lo lejos, allá en lo alto, parecía unas llantas rodando, unos pies avanzando… ¿hacía dónde?, no los veía. Dolores decía, que ella me había traído aquí, que por desgracia, tuvo que hacer espacio a lado de ella; para que le hiciera compañía. Sin embargo, yo agradecía aquel detalle, aquellas palabras... Palabras que no se situaban en algún referente, sólo en la nostalgia y el olvido. Tal véz, era por eso que yo siguiera ahí... Ahí, en el mismo lugar que habito día con día. Logré estirar un poco los pies, afortunadamente el piso que tocaba, podía moldearlo. Después, noté que también podía mover brazos, cara, torso y cadera, con una lentitud y rareza, que parecería retorcerme en los recuerdos del pasado. Pero no, estaba ahí, en el presente, con Doloritos a mi lado. Me decía, que pronto me acostumbraría, que sólo era cuestión de tiempo para adaptarse a la nueva tranquilidad de aquella oscuridad, de aquella afasia tan deseada. Comencé por sosegar, por no gritar más en silencio y sí a pronunciar miles de letras para Doloritos, que a un principio, carecían de sentido pero al no parar de hacer sonido, comenzaron por contar al recuerdo. Recuerdo que aún yo no sé, si es recuerdo, pero así me dijo que era la srta. Doloritos. Las palabras, decía Doloritos, que pronunciaba yo, escaseaban ya de una significación acá abajo. “De acá abajo… de acá abajo”… retumbaba tanto en mi cabeza, que empecé a creer que era importante dejar grabadas estás palabras, en el recuerdo y mantenerlas hasta el día de hoy. Ahora, todo asumía un sentido… ahora, nada trascendente, más que mi Doloritos, la que ya no quería que yo estuviera ahí a lado. Pero, ¿quién le manda meterme aquí?, ahora ya no me muevo…ni que pudiera hacerlo. Sentir aquellos granos en el cuerpo, aquel sonido de los automóviles y caminares, que me aplastan sin saber que aquí hay hueco, observar la oscuridad y percibir al fin la tranquilidad. ¡Pobre Doloritos! Con esa voz tan pesada de años que se carga, imagino hace poco llegó aquí.
---Calmada, Chona, si son unas simples paleaditas de tierra. No se me sulfure.
---¿Y el apeste, Damasio?... No crea, no nomás soy yo, si la misma gente de aquel, no soporta el apeste. Que dicen, que ya lo que quedo bajo tierra; bajo tierra está y se chingó. Crueles los desgraciados, pero ¿qué le hacemos? Todos tenemos nuestros patrones que obedecer y éstos sus sirvientes a quién chingar. Ya no hay tiempo Damasio, o ¿qué?, ¿usted se carga la responsabilidad?
--- Parele, parele ahí. Yo también tengo que buscarle muchacha al patrón, y aprovechar los momentos de negociación. ¿Usted cree que la muchacha aguante el apeste?, ¡ni pensarlo! Además Don Pedro se daría cuenta. Definitivamente, que la lluvia se encargue del hueco.
--- ¡Ah, que cabrón me saliste Damasio!, nomás no me vayas a salir con esa chingadera cuando el apeste huela a Chona Sayula…
Desperté. No hay recuerdo y sí olvido. Permanecí quieta, mis ojos vendados, descubiertos a la oscuridad. Prometí no gritar, pero no pude hacerlo. Mis manos palpaban, aquel lugar suave, y con miles de trocitos que caían sobre mi cara, sobre mi cuerpo. Eran como gotas espesas, contenidas en una especie de masa, rasposa, húmeda. Sonidos a lo lejos, allá en lo alto, parecía unas llantas rodando, unos pies avanzando… ¿hacía dónde?, no los veía. Dolores decía, que ella me había traído aquí, que por desgracia, tuvo que hacer espacio a lado de ella; para que le hiciera compañía. Sin embargo, yo agradecía aquel detalle, aquellas palabras... Palabras que no se situaban en algún referente, sólo en la nostalgia y el olvido. Tal véz, era por eso que yo siguiera ahí... Ahí, en el mismo lugar que habito día con día. Logré estirar un poco los pies, afortunadamente el piso que tocaba, podía moldearlo. Después, noté que también podía mover brazos, cara, torso y cadera, con una lentitud y rareza, que parecería retorcerme en los recuerdos del pasado. Pero no, estaba ahí, en el presente, con Doloritos a mi lado. Me decía, que pronto me acostumbraría, que sólo era cuestión de tiempo para adaptarse a la nueva tranquilidad de aquella oscuridad, de aquella afasia tan deseada. Comencé por sosegar, por no gritar más en silencio y sí a pronunciar miles de letras para Doloritos, que a un principio, carecían de sentido pero al no parar de hacer sonido, comenzaron por contar al recuerdo. Recuerdo que aún yo no sé, si es recuerdo, pero así me dijo que era la srta. Doloritos. Las palabras, decía Doloritos, que pronunciaba yo, escaseaban ya de una significación acá abajo. “De acá abajo… de acá abajo”… retumbaba tanto en mi cabeza, que empecé a creer que era importante dejar grabadas estás palabras, en el recuerdo y mantenerlas hasta el día de hoy. Ahora, todo asumía un sentido… ahora, nada trascendente, más que mi Doloritos, la que ya no quería que yo estuviera ahí a lado. Pero, ¿quién le manda meterme aquí?, ahora ya no me muevo…ni que pudiera hacerlo. Sentir aquellos granos en el cuerpo, aquel sonido de los automóviles y caminares, que me aplastan sin saber que aquí hay hueco, observar la oscuridad y percibir al fin la tranquilidad. ¡Pobre Doloritos! Con esa voz tan pesada de años que se carga, imagino hace poco llegó aquí.

2 Comments:
Soy de los pocos que no temen decir "no entendí".
JRC
hmm...interesante... No se que decir... simplemente no entiendo lo que quisiste decir con ese texto en tu blog, a ver si me dices luego.
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