Las Coleguis
HACIA EL HARVARD MEXICANO
Claro, hay de colegas a colegas... Con el paso del tiempo y con los diferentes trabajos estúpidos y laboriosos del Tec, uno se tiene que ir haciendo de compañía que le permita vivir con tranquilidad es decir, hacerse de compañeros quienes estén enterados que los trabajos colaborativos definitivamente deben hacerse colaborativamente. Ya encontrarse compañeros que además proponga formas de realizar el trabajo, es una chulada. De esta manera, uno es capaz de relajarse y visitar alguno que otro amigo para echarse el chal acerca las novedades que por muy superficiales que sean, siempre son bienvenidas: “¡pues que Pedrito se encontró a Susanita con el sancho! (sssss), que mal pex”, o al menos tener el tiempo de rondar por el campus y escuchar las múltiples sintaxis, aún desconocidas pero tal vez sí por descubrir, de los chicos y chicas Tec “si we super bien, pero mal plan” a lo que le contestan: “ya se we, tipo igual y si, no?” Ya sería un lujo contar con colegas que además de ayudarnos a poseer un fin de semana libre de tareas, sean partícipes de cada una de nuestras “happy´s” alegrías así como de nuestras embriagadas tristezas. De todos modos siempre están ahí; cuando el alcohol, la música y uno de que otro ligue convergen en una misma noche.
Puedo decir, que tengo la fortuna de tener colegas como aquellos. Éstas viejas de las que les cuento están re-locas, que cada una de las palabras que tengo orgullo de compartir con ellas, me provoca escribir y volver a reír de cada una de las múltiples y oscuras significaciones que cada una de éstas tiene. Si podríamos considerar sólo las primeras palabras de una conversación regular de mis compañeritas, podría decirse que son: “así estuvieron las cheves, ¿verdad?” o “¿por qué crees que estudio, como y vivo en el Tec? (mientras logra observarse un personaje de muy buen ver)” o “vamos por un cafecito hombre, al cabo clases tienes muchas” y “¡viva el parche!” (frase que aún no acabo por comprender).
Y un día de aquellos, mi colegui y yo nos encontrábamos en una banquita a los alrededores de aulas cuatro, lugar al que yo llamo “pasillo pasarela”. Con todo y cafecito, nos disponíamos a esperar cada una de nuestras actividades; yo, una sesión de fotos para la nueva propaganda “hacia el Harvard mexicano” (material completamente invaluable para la Loca de la Casa) y mi colegui esperaba la llegada de las 11.30 para tomar su clase de no se que fregados. El caso, es que mientras mi colegui se fumaba aquel cigarro malboro light que llamaba a la tentación, y yo sorbía con más rápidez mi café capuccino, los números comenzaron a proliferar de nuestras bocas. Y no esque fuera una representación de la divinidad, que según Einstein el lenguaje de los números sea el de Dios, o que según una buena maestra dice resuelven las proporciones áureas, sino que simplemente imaginábamos ser los críticos de aquella pasarela. Pues claro lo que se aprende, se aplica en la misma situación y en el mismo lugar, ¿no? Y si, entre argumento y argumento que si la morfología, que si la coherencia argumentativa, que si el periodista y sus eternas y reprimidos deseos de opinar, de inventar… sólo se escucha:
--“Pues, yo le doy un 9”
--“Na, na… 7.5”
-- “¿Qué? (con mirada dura, penetrante, sin poseer explicación)
-- “Chaparro, lentes, without personality, fashion emergency… jelou”
Ya eran cerca de las once. Así que decidimos asistir a aquella sesión fotográfica que serviría como material para la nueva campaña publicitaria del Tecnológico de Monterrey. Y sólo al llegar a aquel pasillo que daba fuera del salón, el que contenía aquellos montones de cámaras fotográficas, sombrillas blancas, y alguna decena de luces, ya se observaba a lo lejos: cabellos largos y güeros, pantalones DKNY, blusas y camisetas AE y bastantes malas vibras de niñas “bien”. Hasta mi colega no aguantó más, y como excusa para salir de aquel cuarto de hienas y domadores, me dijó: “Ya me voy a clase, aquí a aulas cuatro”, a lo que respondí: “Si tienes clase a las 11.30, ¿no?, y apenas son las 11…” finalmente, sin mucho proceso argumentativo me dijo: “Esque de aquí que llegué al salón… prefiero tomarme mi tiempo”. Quiero hacer hincapié y decir que el edificio de aulas cuatro está a escasos cinco metros de distancia de aulas seis, en donde se llevaba acabo esta sesión fotográfica. Comprenda a mi colegui, yo hubiera hecho lo mismo, aunque la curiosidad, por enésima vez, mató al gato. Sólo al entrar a aquel lugar, buscaba la esquina más recóndita, más oscura. Desde ahí, recordando mi clase de ciencia política internacional, donde habíamos tratado el tema de los derechos humanos tanto en el orden internacional como en el mismísimo tecnológico, ya comenzaba por cavilar la seriedad del asunto. Ahora entendía que sí, efectivamente ya aperecían indicios a la violación del segundo artículo de la declaración de los derechos humanos, que dice: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Uff ¡que paradójico!, ¿no lo creen?, si cuando ya venía venir la pregunta del maestro: “¿Ustedes cómo ven los derechos humanos aquí en el tecnológico?”, yo no sabía si contestar…digo el mismo temor de exponer las fallas institucionales, yo lo veía traducido al ser acreedora de al menos malas caras y una futura actitud negativa hacia mi persona. Y de la misma manera, nadie contestó. Tuvimos que usar el ejemplo de la discriminación del bonito y feo, del morenito y blanquito, habitual en los antros de Monterrey. Aquí es donde paró mi mente, y escuche al responsable de la sesión de fotos: “ustedes tres chicas, ¿pueden ayudarnos en la próxima fotografía donde tomarían el papel protagónico?” No contuve mis deseos de ver a aquellas muchachas, estaban regocijando en alegría. No lo dudo, se habían encontrado ya las estrellas de Hollywood en el mismísimo tecnológico.
La fotografía pretendía reflejar a un grupo de estudiantes realizando las actividades diarias, es decir: (y es mejor puntualizar para posibles mal entendidos) tomando apuntes de la clase o contestando un examen, haciendo esto con total tranquilidad, seguros y concentrados en su trabajo. Se prohibía totalmente, caras angustiosas: “no queremos darles a entender a los próximos estudiantes que está muy difícil”. Ahí es donde lo que creía saber, ya se materializaba; la mismísima administración entiende que los requisitos y exámenes que los estudiantes (o al menos los que si estudiamos) tenemos que realizar muy frecuente, son estúpidos y que indudablemente serán parte de nuestras angustias y nuestra sobreproducción biliosa. Lo único que hice, fue reír. De la misma manera que mi colegui se excusó conmigo para largarse de aquel lugar, lo hice con el fotógrafo.
Ya espero ver con ansia la nueva publicidad que el tecnológico prepara y tiene entre manos. Ya espero ver, una representación académica Harvardiana (con todo y los americanos) en estos retratos mexicanos… ¿mexicanos?

4 Comments:
Es de mexicanos ser malinchistas.
Nombre, te hubieras ido al Borrego, tienen un escáner que si detecta que no traes 300 dólares en ropa, te expulsa automáticamente y te reporta con Sostmann.
Deja la pasarela, y checa las leyendas urbanas del campus, son harina de otro costal.
jrc
Querida colegui:
(Quiero empezar este comentario, como una nota de agradecimiento chapada a la antigua, aquellas que seguramente las chicas tec de los sesentas utilizaban para agradecer, el prestamo de algun objeto, como: Un sarten, un lapiz, un borrador... un pastel de bodas).
Aun recuerdo aquella mañana, querida colegui, que nos situamos en una banca de nuestro querido Tec, si, lo recuerdo por aquel hombre que me parece un dios, pero a tus ojos, es tan solo un aborigen...mas. Aun recuerdo como entusiasmadas, decidimos, que de ahora en adelante esa banca seria nuestro punto de reunion.
Deseo agradecer tu manera tan sincera de ofrecer amistad, de igual manera tratare de ofrecer un homenaje a nuestra amistad a travès de ciertas frases que has y hemos construido en compañia de la otra colegui..."Viva el parche"..."Alcoholica rehabilitada a huevo".."Que peda la de anoche" "Que peda la de hoy" ...."Este es el pendejo numero..534,459,844... pero si.. este es.. este es el bueno"...
Coleeguiiiii.... quedoo de usted, agradeciendo el que haya sabido materializar cada idea que en algun minuto perdido, paso por mi mente... por nuestras mentes....
Hasta la proxima.... se.. que vendran muchas.. mas...
Varenka: Monja confiesa: La zapatilla rosa.. en la zapatilla rosa se encuenta la hierba..
Jajajaja, con toda razón colegui, escribe estas palabras...
¿Cómo se me pudo olvidar el "pendejo número 534,459,844" o "la alcóholica rehabilitada" o "la peda de hoy y ayer"? Si éstas, indudablemente, llenaron nuestros tacos fede de sabor, nuestros cafés de centrales y el seven. ¿Cómo olvidarlo?
Sin embargo,¡que viva el parche y el aborigen!
Ke tal carmen komo estas...
la verdad nunca antes habia leido tu blog. y dejame decirte ke esta excelente. quiero felicitarete y decirte ke tienes ideas muy buenas jaja..
en lo ke respecta al post ke lei ke fue el de los colegas ( ya no lei mas porke estan bien largos, ahi depsues con mas tiempo jaja) -- bueno considero que tienes toda la razon, los estratos sociales son algo que determina la vida del tec, pero no es nada nuevo, el sistema asi esta diseñado y no hay con kien te quejes... ni ke se te ocurra levantar la voz porke la matricula pierdes..
aunke dejame decirte ke no todo en el tec es malo, hay sus excepciones no todos somos sombras, te encuentras personas ke tuvieron cuna de oro y que tiene una calidad moral enorme (son pocos) pero los hay...
bueno ya me voy kuidate mucho...y pues hechale ganas...asi es esto..es cuestion de saber consecuentar a los demas ni alterar ni prohibir solo seguir en le carril de la existencia comun ....dodne lo ordinario se convierte en lo expontaneo...
ok vale kuidate.
Jesús Loera
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