Más de lo mismo

¡La feria del Libro festeja a Juan Rulfo y al Quijote!
Si hasta parece que la entrada de cada uno de los escritos que realizo, está ya predestinada a ser una queja hacia el poco tiempo –potencialmente el más efectivo para el desarrollo “intelectual” de su servidora—que nuestra gran y reconocida institución: el Tecnológico de Monterrey, nos arrebata con cada uno de las tareas-requisitos; ya sea de comprobación de lectura –que por cierto lo único que deja entre ver es la pésima interpretación de aquella por parte del estudiante— o los trabajos de investigación sin pauta previa de elaboración y sí un peso grande en calificación. En fin, irregularidades académicas de nuestra (¿o de ellos?) tan prestigiada institución, habrá indudablemente para la vida. Y digo para la vida, porque he firmado contrato con el innombrable... (ahí en el dpto. de becas) que amablemente provocó mi visita a aquella oficina por repetidas ocasiones innecesariamente, a causa de una logística mal lograda. Yo sé, ya para entonces mi presencia era necesaria para el Tec; así comenzaría a crearme ilusiones acerca de la gran diversidad de actividades extracurriculares que el Tec provee y en los que yo podía ser parte. Al instante de ser formalmente universitaria, estuve en primera fila para la inscripción de aquellas actividades, y así de la misma manera ya estoy en las filas de estudiantes que a final de semestre que por la no asistencia, pagaremos una cuota. Logísticas una vez más, sin duda alguna son grandes estrategas los compadres.
Total, como estaba contando, firmé aquel contrato que por lo pronto me obligaba a realizar mi servicio becario semestral trabajando como apoyo en la organización de la Feria del Libro. Al principio, al enterarme de mi posible participación en la sala de prensa, me sentí emocionada; ya me veía tomando notas, portando grabadora y hasta usando mi cámara fotográfica. ¡Digo!, probablemente con tantas personalidades en un mismo sitio fuera necesario un mayor personal en los medios, já; pero si no me acordaba que el mundo de los periodistas podía ser bien comparado con un par de hienas en lucha del último pedazo de tripa del tigre. No obstante, y con este divague innecesario, mis actividades versaban en un trabajo arduo; mi esfuerzo era a la vez físico e intelectual, les explicaré el protocolo diario de mis actividades: recortar de notas periodísticas, pegar aquellas en pared, emplear mis habilidades de conteo para después acomodar la cantidad necesaria de botellas de agua, coca-cola, coca-cola light y sprite en un pequeño refrigerador, además de situar al menos doce empanaditas y trozitos de brownie en una bonita charola plateada y para finalizar, con los deseos de los organizadores por mejorar mis habilidades en el manejo de Excel, vaciar algunas de las encuestas aplicadas a los visitantes de la FIL acerca del mismo evento, trabajo que aproximadamente me consumía dos horas.
Aunque la semana fue cansada y tediosa, pude cruzar palabra con algunos periodistas, además de presenciar algunas de sus actividades de trabajo. Así mismo, se me facilitó la asistencia a algunas conferencias y presentaciones de libros, como la de “La Nostalgia del Lodo” de Óscar David López – escritor joven y ganador del Premio Latinoamericano en Literatura, chavo sencillo y muy buena onda—y “Estado y el ciudadano” de Lorenzo Meyer. En cuanto las conferencias, asistí a la de
“Diseño y periodismo” a cargo de la Lic. Cecilia Torres y Arq. Juan Manuel Gómez y “Los páramos de Rulfo cincuenta años después” con Daniel Sada, Alberto Vital y Jorge Zepeda. Puedo decir, que así como las presentaciones, las conferencias estuvieron muy interesantes, por lo que trataré de relatar mi experiencia en este mismo medio.
Finalmente, aquel trabajo arduo trajo consigo tareas aplazadas, desvelos y varios dolores de estómago y cabeza, los que persistieron hasta hace un par de días. Si ahora sólo tuve tiempo de escuchar disimuladamente una que otra de las historias de las chicas Tec, cuando escuchar al menos cuatro novedades en un mismo día podía llamarse “trabajo periodístico fallido”. Y es que, la comunidad Tec es un grupo digno de ser analizado, en sí yo no estudio mis cursos, mis actividades en el Tec son de campo. Para prueba un botón:
--¡Wee, mamalón!, el miércoles de que tipo fuimos a la Habana, y de que Dany y
yo traíamos nuestra party acá bien cabrón, andábamos de que tipo en nuestro
pedo.
-- Pero, ¿cómo o qué, wee? Haber, ¿a dónde fueron?
-- A la Habana, y de que tipo fue un amigo y pues andaba con más chavos, y pues
ya tipo me presentó a mi y a mis amigas y pues yo, mis amigas a ellos. Nombre
wee, me tomé como seis litros, andaba super drunk. Pero wee no mames, de que
mi amigo me preguntó de que tipo se hacía algo conmigo.
-- ¡Ingaleeeeee!
-- Ya sé wee, de que le digo: “¡vete a la chingada, muevete de aquí!”
-- ¡Ingaleeeeee!
¿Ustedes se tragan ese “vete a la chingada” después de seis litros?, já.
Bueno pues, esperemos que estas últimas semanas de cursos sean comprensivas y que las tareas-requisitos no nos quiten más tiempo del que usualmente hacen. Confiemos en tener más posibilidades de desahogar emociones a través de estas tristes palabras.

3 Comments:
Claro que no. Ese vete a la chingada es quererle poner punto final cuando comienza la no lógica del texto y es ideal abandonar la puntuación y la ortografía.
Saludos, Carmen. Un abrazo fuerte.
tu amigo
Te digo... el pedo del TEColote es que nos convierte en académicos patito... o lo peor del caso, nos inculca ese culto universitario por los académicos, por la teoría... por que las epxlicaciones de verdad funcionan como están en el libro y demás demases. Pinche sensación de que mediante el conocimiento uno se hace ciudadano del mundo... ese es el espejismo que tanto nos gusta.
jaja, y bueno, ese "vete a la chingada" es un "vámonos a chingar" cualquiera, iiingas we!!!
Saludos!!!
y una buena frase "hay que tener la mente abierta... pero que no se te salga el cerebro!"
ja
JRC
que onda cadmen, claro que FIL no estuvo tan mal jaja, y menos en prensa, bueno ya enseñame a bailar! jaja sale
Iván
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